Espíritu Europeo y busqueda de la identidad
La arquitectura en Rumanía en la época Art Nouveau

Mariana Celac, iulie 2003

En el conjunto de las manifestaciones estéticas de la Europa de los años 1900, Rumanía trae una tonalidad especial. Su posición histórica explica las fuentes y las particularidades de este momento fundamental para la emancipación de la expresión arquitectural culta y la decantación de los paisajes urbanos de la zona – trayecto guiado por los esfuerzos de toda la sociedad rumana para la europeización y modernización  desde el punto de vista económico, político y cultural.

En 1900, el territorio de la actual Rumanía estaba dividido. Al  exterior del arco montañoso de los Cárpatos, un joven reino independiente con la capital en Bucarest había sustituido los Principados Unidos. Resultado de la unión de Valaquia con Moldavia en 1859, el nuevo Estado había ganado su independencia bajo el mando del príncipe Carlos de Hohenzollern quien iba a llegar, en 1881, el primer rey de Rumanía. Las provincias de la Meseta de Transilvania y de Banato eran parte del imperio austrohúngaro, con relaciones tradicionales con el mundo artístico – y arquitectural – de Budapest y Viena.

Como una consecuencia lógica, hay diferencias regionales esenciales que separan las actitudes artísticas formuladas alrededor del año 1900 en el sudeste del país (en Muntenia y Moldavia unidas, formando el Antiguo Reino) de las del noroeste, de Transilvania y Banato. Con todas las diferencias a las cuales nos referiremos brevemente en lo que sigue, las influencias, el traspaso estilístico y las busquedas originales simultáneas con el Art Nouveaux en la arquitectura se estan asociando, en todo el territorio de la actual Rumanía, a la afirmación de los ideales de identidad, nacionales, étnicos o regionales.

La arquitectura en 1900 en el Antiguo Reino. “El Antiguo Reino” es percibido hoy por los historiadores y teóricos de arte como un espacio cultural compuesto, guardando fuertes recuerdos bizantinos, abierto hacia el mundo mediterráneo, hacia el Cercano Oriente, pero también hacia Europa. A lo largo del siglo 19, la élite local buscó en Francia la inspiración y el ejemplo para formular un ambicioso programa de europeización. Las estratégias de esta élite se relacionaban a la afirmación de la latinidad histórica de los rumanos, al esfuerzo de abrir la sociedad rumana hacia la modernización de las estructuras económicas y sociales y hacia la democratización de la vida poilítica. La dinámica de la estética arquitectural sería integrada a estas estratégias. Las aspiraciones de los arquitectos se conectan pues como es normal a las tendencias intelectuales de la época. Las polémicas profesionales- pero también la creación arquitectónica – han explorado la relación entre la tradición y modernización, entre el espíritu local y las grandes tendencias, “globalizadoras”, del momento. Este período de fervorosas busquedas ofrecio respuestas, sin duda alguna  hay respuestas validas, a menudo interesantes y a veces completas a las preguntas estéticas y estilísticas que se plantearon, en terminos semejantes, en el resto del continente europeo.

Un momento que no puede ser pasado por alto cuando nos referimos a la delineación del epíritu de los años 1900 en la consciencia arquitectural de esta parte en que hoy se encuentra la actual Rumanía es la exposición nacional y conmemorativa de 1906 de Bucarest. Si hacemos una examinación crítica, los pabellones de la exposición nos ofrecen hoy la mesura de las sincronías y de los desniveles que nos separaban del centro del movimiento. Y confirman las elecciones estilísticas que guiaron el gusto público, el pedido arquitectural y la orientación oficial durante los siguientes decenios.

La exposición de 1906 había sido dedicada a una triple conmemoración – la celebración la venida del futuro rey Carlos I como principe de los Principados Unidos, la de su subida al trono del reino de Rumanía y la del paso de dos milenios desde la ocupación de la Dacia histórica por las legiones rumanas.

Esta conmemoración incorporó un proyecto urbano de envergadura, por intermedio del cual han sido incluidas en el perímetro del Bucarest, en expansión en aquellos tiempos, terrenos insalubres y abandonados. El proyecto preveía su saneamiento, su habilitación como parques para mejorar la vida de la gente que vivía en los barrios pobres de la zona.

La arquitectura asume la función de confirmar la relación con las paradigmas culturales nuevas del momento de 1900. La incorporación del mito de la particularidad de la identidad y del imaginario nacional en edificios estuvo presente en la Expo Nacional de 1906 con la aspiración hacia la europeización y modernización; pero no por mucho tiempo, antes de ser separadas por una polémica que no desaparecio y que hoy parece más viva que nunca. El patriotismo arquitectural, la valoración de la tradición nacional, las referencias a la Edad Media local y al Art Nouveau son consagradas por instituciones esenciales de la vida estatal y asumidas en edificios de proporciones monumentales que representaban las instituciones del Estado, en la iniciativa económica y en la vida pública.

Un recorrido del horizonte de la exposición pone de relieve este esfuerzo excepcional.

Fiesta de todo el “pueblo”, en la Expo Nacional de 1906 la arquitectura vernacular es presente en réplicas a veces remodeladas por el arquitecto. Tampoco aquí el mensaje de la modernidad ha sido olvidado. Junto a la casa ancestral y el ambiente exótico, aparecen el proyecto de una finca modelo o de una instalación verncular – industrial. La aceptación oficial de lo vernacular y su evidente presencia en la exposición desempeñará un papel especial, sosteniendo la afirnación del origen latino, de la unidad de todos los rumnos que viven en el país o allende las fronteras y de la diversidad de las tradiciones locales.

La exposición incorpora referencias evidentes a una Edad Media novelada. En material definitivo fue realizada por el arquitecto Nicolae Ghika Budesti una copia de una iglesia, de una estructura de finales de siglo 15. La torre de agua fue tratada como un bastión medieval, igual al pabellón de las carceles o a la edícula de la Comisión del Danubio.

El Pabellón Real y los cuerpos laterales, dedicados al genio civil y al genio militar asumen con una autoridad evidente el mensaje del estilo nacional. Respuesta a las tendencias patrióticas en la cultura política y literaria de principios del siglo, el ideal de la autenticidad indígena, surge de los cimientos culturales nacionales. La arquitectura neorrumana, en su variante consagrada oficialmente a la opción real, aparece como una síntesis entre las reglas de la composición monumental clásica en la variante Beaux Arts y formas inspiradas de la arquitectura de monasterios. A la arquitectura “alta” “de arquitecto” se le trazó la misión de solidificar en edificios modernos “las experiencias” de una nación, producir una formulación reforzada, coherente, unitaria de la idea nacional. Esta doble referencia – a los recursos tradicionales y a la modernidad – sostenida por el antecedente de la opción de la corona en cuanto a la orientación estilística en 1906 marcó de modo decisivo la categoría de estilo neorrumano en la enseñanza y la práctica de arquitectura de los primeros decenios del siglo 20.

Hay quienes dicen que el Antiguo Reino era, en 1900, el escenario de una verdadera pluralidad estilística. En este paisaje variado hay sin embargo una dominante: la aspiración de transponer el espíritu de la herencia histórica en la afirmación del estilo nacional “moderno”, “neorrumano”. El interés de los arquitectos sostenido por el pedido oficial y el gusto público se dirige hacia la composición de un lenguaje formal estructurado.

La arquitectura “nacional” formularía gestiones coherentes (dogmatizadas al pasar el tiempo) como respuesta a los problemas de estructura, de composición de plano y fachada o detalles decorativos. En su conjunto o también más allá de las diferencias formales, la arquitectura neorrumana presenta características y actitudes estables que la acercan, por la problematización y algunos resultados a las tendencias similares del norte del continente, de Rusía, Balcanes o Catalunya, donde el problema de la identidad ha sido uno central en la creación arquitectural.

El estilo neorrumano se distingue por la subrepuja formal de la solidez de la estructura de los materiales y técnicas tradicionales. La arquitectura está expresada sobre todo en la composición de la fachada con ornamentos aplicados en la superficie de ésta. La imaginación decorativa se concentra en el exterior y en la prolongación inmediata con puertas de acceso, vestíbulos y escaleras tratadas con arcaturas (con predilección por los arcos trilobatos o en forma de corchete), un rico arsenal ornamental interpretando (en cerámica, esgrafiado, en esculptura y en pintura mural) motivos de arquitectura bizantina o arte popular, el uso de materiales locales (madera, piedra en fuertes relieves) tejados amplios. Las soluciones planimétricas quedan tributarios a las formulas academicistas o tradicionales. La exuberancia decorativa le confiere un estilo específico a esta arquitectura, aunque la presencia de algunas inserciones de arte aplicada, la predilección por materiales exóticos o la treataliad del tratamiento del espacio interior, propios del momento europeo del Art Nouveau, quedan  accidentarios.

Aunque han producido en su conjunto una imagen diferente a la de Art Nouveau en su expresión consagrada de “coup de fouet”, las evoluciones estéticas en el dominio de la arquitectura de esta parte de Rumanía no pueden ser separadas por la influencia francesa.

A lo largo de la modernización del siglo 19 el Antiguo Reino se había inspirado y se había encariñado con Francia – en el aspecto político, institucional y sobre todo cultural. Pero el momento 1900 en la arquitectura debe a los franceses fuertes transferencias e influencias intelectuales pero también la aportación de algunos arquitectos instruidos en Paris en la atmósfera de finales del siglo. El fundador del estilo neorrumano, el propio Ion Mincu, ha sido diplomático de la escuela de Beux Arts de París, igual a Petre Antonescu, otro prolífico creador que se dedicó a la arquitectura nacional.

Relativo a la estética Art Nouveau en su variante “coup de fouet”, no deja de preocupar a los arquitectos. Pero su asimilación es más bien accidental y se encuentra a nivel de imitación. En el “Antiguo Reino” ejemplos completos de Art Nouveau hay pocos y de cualquier forma más tardios en comparación a las etapas consagradas a las tendencias de Europa. Una actitud de síntesis, orgánica, que incluya la planimetria, el tratamiento de las fachadas la estructura y los espacios interiores se puede notar solamente en el Casino de Constanta, obra de Daniel Renard. De origen suizo, nacido en Rumanía, Renard (1871-1940 ?) estudio a ENBA y construyo mucho en Rumanía.

En la mayoria de los casos se trata de asociaciones desinhibidas con otras opciones formales. « Las fronteras » del estilo son vagamente definidas y en la mayoria de los casos se trata más bien de fragmentos Art Nouveau incorporados en otras fórmulas arquitecturales – eclécticas, academicistas o incluso neorrumanas.

Los años 1900 en Transilvania y Banato. A diferencia del evidente impacto de la influencia francesa en el Antiguo Reino, en las afueras de los Cárpatos, en Transilvania y Banato – parte del inperio Habsbúrgico hasta 1918 – la arquitectura se manifestó en resonancia con el estilismo secession de Viena o Budapest.

En algunas ciudades grandes – Oradea, Arad, Timisoara – de esta zona de la actual Rumanía, la clase media con un poder económico creciente se va a orientar hacia las más nuevas  tendencias de la Europa Central en cuanto a sus iniciativas de construcción. Arquitectos con experiencia en cuanto al idioma secession en los centros del imperio austrohúngaro construyeron para las familias de los hombres de negocios locales varios y muy ambiciosos edificios de referencia que marcan indudablemente, hasta hoy en dia, el contexto urbano en los centros de estas ciudades.

Pero en el centro de la meseta de Transilvania – Targu Mures o Sfantul Gheorghe – se alzaron sobre todo edificios monumentales para la administración, asociando varias técnicas artísticas en cuanto al decorado exterior e interior y en cuanto a las residencias particulares en una arquitectura sobria, con referencias explícitas al arte constructivo tradicional de la región.

El análisis de la arquitectura que aparecio bajo el signo de la modernidad europea de esta zona del país entre 1900 y 1920 siguio dos direcciones diferentes.

Una primera dirección – la más temprana y la más difundida – se relaciona a la influencia evidente del estilo de Budapest ilustrado por Lechner Odon. Varios de sus alumnos y colaboradores proyectaron y construyeron edificios de distintas funciones y tamaños, de viviendas urbanas diminutivas a monumentales sedes administrativas. La arquitectura guiada por esta orientación es facil de reconocer gracias a su aire « Secession » folklórizado, expansivo y decorado. Los áticos festoneados, el tratamiento de los marcos ornamentales, los relieves de fachada, la gráfica de las rejas y los parapetos ponen en obra una multitud de lineas curvas y elementos vegetales. La tradición artesanal (en la prelucración artística del hierro y de la madera, la cerámica de construcción vidriada, la pintura mural, el mosáico decorativo o los muebles) y los talleres de artesanales van a asumir en el secession de Transilvania sobre todo elementos típicos de bordados. Igual que la arquitectura neorrumana de más allá de los Cárpatos, también en Transilvania, esta ornamentación arquitectural cita a veces garvamente el arte textil tradicional. No faltan, sobre todo en el tratamiento de algunos edificios de referencia, injerto Secession en fachadas clasicas o eclécticas.

La segunda dirección, más tardía temporalmente – y la más interesante – se relaciona al modo de formulación de « un estilo transilvano » en la arquitectura. Las lecciones recibidas concomitantemente de parte de Art Nouveau y de las busquedas relacionadas al espiritu regional propuestas por Saarinen y sus socios, pero también por la filosofia arquitectural de la escuela de Glasgow o de otras busquedas organicistas iban a ejercer fuertes influencias sobre varios arquitectos telentosos.

Los menos interesados por los efectos ornamentales del secession de orientación Lechner, Kos Karoly, Thoroczai-Wigand y los hermanos Vago, van a dirigirse sobre todo hacia las lecciones de composición volumétrica y la austeridad decorativa propuestas por los ejemplos históricos o vernaculares. Las busquedas y  sus amplias actividades de constructores contribuyeron a la decantación de la ideologia de la autenticidad regional y a la aparición de una variante más convincente de orientaciones circunscritas hoy por la categoría Nacional romanticismo.

Depurada del folklorismo, acudiendo a soluciones orgánicas y composiciones convincentes en plano y fachadas y en las tradiciones constructivas, formas y materiales locales, la arquitectura « transilvana » en la visión de Kos Karoly es sin duda alguna una presencia original, coherente e interesante, en el paisaje del esfuerzo arquitectural de la Europa Central en los primeros decenios de 1900.

Algunas consideraciones generales se requieren al concluir estas sumarias adnotaciones.

En Rumanía, Art Nouveau aparecio con una tardanza poco significativa, asi que el fenómeno es sincrónico con su aparición en Europa. Pero aquí, Art Nouveau prolonga su influencia también después de 1920, aunque en aquel entonces, en su espacio de origen la tendencia dejan de repente el lugar a otras actitudes estéticas. Sin tener un núcleo de producciones « puras », Art Nouveau (sobre todo en su variante bucarestina, donde su presencia es más bien accidental) no ha sido repudiado a la vez con su decadencia en « el centro ». Del principio, vocablos y modos de formulación arquitecturales art nouveau iban a ser incorporadas con mucha destreza en composiciones sea academicistas, sea eclécticas o neorrumanas. En los años treinta ciertos ecos de Viena de secession geométrico (el tratamiento de las entradas de pequeños bloques de viviendas con estrellas y varias rejas en las puertas exteriores) pueden ser escuchadas en la arquitectura art deco y « cubista » (como era calificado, en la época, el racionalismo de tipo Bauhaus en Bucarest) y tratamientos Art Nouveau de fachada aparecen en el caso de los bloques de viviendas.

La interpretación estética de las estructuras influenció muy poco la evolución del estilo en esta parte del continente. Los esqueletos aparentes conceden un aire Art Nouveau mercados comerciales y las estaciones de trenes construidas en la época. El hierro forjado es insertado con destreza en el tratamiento de las rampas de las grandes residencias urbanas igual que los artesanos de la periferia multiplican acesorios influenciados de imágenes Art Nouveau en la arquitectura urbana corriente.

Inaugurado en la atmósfera festiva fin de siecle, Art Nouveau va a ser preferido por los programas de loisirs : casinos y hoteles de veraneo, instalaciones de cura balnearia, termas pero también almacenes, talleres artesanales o estudios de algunos artistas  « modernos ». La casa concebida por el arquitecto Arghir Cullina para el pintor Kimon Loghi, menos expresiva en el interior, tiene una fachada construida en el espiritu Art Nouveau asimilado en profundidad. Accesos con aperturas muy amplias en arcos dan a unos garajes un aire 1900 aunque hayan sido construidos en los años 20.

Acostumbrado a tomas rápidas, entusiasta ante lo nuevo, acusando, no sin fundamento, de frivolidad, falto de complejos culturales y experto en imitaciones e interpretaciones, el habitante común de Bucarest mimó en las afueras de la ciudad, con materiales y tamaños reducidos, las formas de la arquitectura de prestigio y de arquitecto.

Hay aquí un vernacular urbano inspirado de importantes modelos que transfirio en los barrios tradicionales tanto la decoración Beaux Arts como también fragmentos de Art Nouveau, rejas art deco y fachadas « modernistas ». Y el antiguo centro comercial de la ciudad había sido amueblado en la época con fachadas alineadas francamente Art Nouveau – es una pena pero muchas desaparecieron últimamente – que conferian a muchas calles un aire 1900.

Y el entusiasmo no desaparecio. En “la Casa del Pueblo”- el hiperbólico edificio construido a iniciativa del último dictador – una de las gigantescas salas oficiales ha sido decorada, en los años ‘80, en estilo 1900. Hoy en día se buscan las casas espaciosas y muy bien conservadas al estilo Art Nouveau tardio para ser repuestas y para los nuevos chalets opulentos se diseñan y se construyen barandillas con la transposición – en metal luciente, es verdad – del inconfundible coup de fouet.

Mariana Celac, iulie 2003