El “Modernisme” en la provincia de Girona

Anna Albó i Riera, Arquitect

El Modernisme fue una corriente artística desarrollada en Catalunya entre finales del siglo XIX i principios del siglo XX, paralela a otras corrientes que se desarrollaron en la mayoría de países de Europa, y también en América, más o menos contemporáneamente: el Art Nouveau francés y belga, la Sezession austríaca, el Jugendstil alemán, la Escuela de Glasgow, la Escuela de Chicago, el Modernismo, en la España y la América de lengua castellana, etc. Estas corrientes comparten una serie de características comunes que permiten asociarlas, pero al mismo tiempo, cada una tiene su propia personalidad.

El modernismo abarca la mayoría de formas de expresión artística: pintura, diseño gráfico, escultura, literatura, joyería…; pero la arquitectura y todo lo que la complementa, desde la escultura hasta el mobiliario, pasando por todos los aspectos de la decoración interior, forman un bloque que alcanzó una extraordinaria relevancia. El presente trabajo se ocupa específicamente de arquitectura y de las técnicas y oficios que tienen que ver con ella.

El centro del Modernisme arquitectónico es Barcelona. Desde aquí el movimiento se extendió por toda Catalunya, y también Mallorca, Valencia y otros puntos de España, con frecuencia a través de arquitectos catalanes que recibieron encargos en esos lugares o a través de arquitectos que estudiaron en Barcelona.

En Catalunya, el Modernisme adquirió gran popularidad, lo que hizo que al lado de los grandes arquitectos y las grandes obras arquitectónicas, un gran número de arquitectos y maestros de obras en todo el país adoptaran ese estilo, aunque fuera mezclado con otros estilos o de una manera superficial, como un “Modernisme de fachada”, o incluso, sólo como detalle decorativo –es lo que sucede con el trencadís cerámico, que se convirtió en un recurso extraordinariamente popular-. El Modernisme penetró profundamente en la sociedad catalana, por eso perduró mucho más allá del momento en que los arquitectos de vanguardia estaban ya plenamente inmersos en el Noucentisme, la corriente que sucedió a aquél.

Generalmente se acepta que la Exposición Universal de Barcelona de 1888, acontecimiento que expresa el dinamismo de la sociedad barcelonesa de la época y que conlleva el trabajo de un grupo de arquitectos alrededor de un mismo tema, la construcción del recinto y los pabellones de la Exposición, es el punto de partida del Modernisme. El edificio que se ha convertido en el más representativo de aquel momento es el restaurante de la Exposición –el actual museo de zoología-, de Lluís Domènech i Montaner, construido entre 1887 y 1888, más conocido como “el Castillo de los Tres Dragones”. Sin embargo, no se debe olvidar que Antoni Gaudí, entre 1883 y 1885 había construido la Casa Vicens –proyectada en 1878-; también entre 1883 y 1885, había construido el Capricho, en Comillas; entre 1884 y 1887, los Pabellones y verja de la finca Güell y, entre 1886 y 1890, el Palacio Güell.

Cabe decir también que el Modernisme no aparece de golpe, a partir del historicismo y el eclecticismo neoclásicos o neogóticos –o neorománicos, neobizantinos, neomudéjares o neoegipcios- precedentes, sino que existen una serie de arquitecturas premodernistas, algunas de las cuales se han incluido en corrientes como el estilo Renaixença o el Esteticismo. Estas arquitecturas van desde posiciones muy cercanas al historicismo o el eclecticismo, con algún elemento que anuncia el Modernisme, como la iglesia de las Salesas, de Joan Martorell, de 1882-1885, que se puede considerar de un eclecticismo marcadamente neogótico, con algún componente neomudéjar, pero que incorpora un fuerte efecto cromático a partir de una diversidad de materiales dejados vistos con su color natural; hasta obras que se consideran casi modernistas, como el Arco de Triunfo, de Josep Vilaseca –socio de Domènech i Montaner en sus inicios profesionales-, construido en 1888 como entrada a la Exposición, el cual a partir de proporciones clásicas y algunos elementos ornamentales neomudéjares, destaca sobre todo por el uso del ladrillo visto como elemento dominante, combinado con otros materiales que potencian el efecto policromo y con una gran riqueza decorativa.

La Editorial Montaner i Simon –la actual Fundación Antoni Tàpies-, que Domènech i Montaner había construido en 1880, está considerada la obra iniciadora de una corriente ya claramente renovadora, con influencia de la arquitectura europea del hierro, el vidrio y el ladrillo visto, que el autor havia conocido de primera mano en un viaje por Alemania que realizó al acabar los estudios.

Así, pues, la Casa Vicens y la Editorial Montaner i Simon son las obras que señalan el inicio o precedente inmediato de lo que será el Modernisme.

Con lo que se acaba de exponer, se ejemplifica la distancia temporal entre la evolución hacia el Modernisme de diferentes arquitectos y como Gaudí y Domènech son los iniciadores del movimiento, bastante antes de que éste se generalize.

En el surgimiento del Modernisme se encuentran diversos factrores socio-económicos:

La creación de la Escuela de Arquitectura de Barcelona en 1875, que se convertirá en un núcleo aglutinador de los arquitectos catalanes, los cuales hasta entonces tenían que ir a estudiar a Madrid. En Catalunya sólo se podía obtener el título de maestro de obras.

El desarrollo industrial de Catalunya, principal causa de la aparición de una potente burguesía que acabará encontrando en el Modernisme el medio idóneo para la expresión de su estatus social.

El momento de gran creatividad y desarrollo social que vive Catalunya en esos momentos, ligado al desarrollo económico y a las inquietudes culturales y políticas del catalanismo. Es esencial en el Modernisme catalán –de forma parecida a lo que sucede en otros países, aunque no en todos-, su estrecha relación con el catalanismo y con el deseo de reconstrucción nacional que se estaba desarrollando por aquel entonces. No será extraño que los arquitectos sean también historiadores de la arquitectura, políticos, y que participen en los movimientos culturales. Domènech i Montaner y Puig i Cadafalch son los más representativos en este sentido. Eso es exactamente lo contrario de lo que pasa en lugares como Francia, donde el Art Nouveau es un movimiento contestatario contra la sociedad establecida.

Acerca de las preocupaciones sobre la arquitectura de aquel período, hay que situar el Modernisme de lleno en el contexto europeo, que los arquitectos catalanes conocían bien, a partir de libros y revistas de arte y arquitectura o a través de viajes por diferentes países:

Existe un deseo de crear una arquitectura nueva, de acuerdo con su época, los nuevos materiales y técnicas constructivas, y las nuevas necesidades sociales, superando los viejos modelos del pasado historicistas y eclécticos. Esto se llevará a cabo, no contra el pasado, sino a partir del pasado. En este sentido, es significativo un artículo de Domènech i Montaner publicado en la revista La Renaixença, “En busca de una arquitectura nacional”, similar a otros escritos publicados en otros países y que respondían a deseos comunes.

Hay que mencionar también la influencia de Eugène Viollet-le-Duc, y de John Ruskin i William Morris y el movimiento de las Arts & Crafts, con su reivindicación de la estructura y de los aspectos constructivos en la arquitectura, de la recuperación de las artesanías, y del gótico, como el auténtico estilo europeo, paradigma de la claridad estructural y del trabajo artesano integrado en la arquitectura –el gótico se acerca a la “obra de arte total” que serán los edificios modernistas-. En plena época de la industrialización aparece la necesidad de recuperar la calidad material y de diseño de las artesanías, frente a la banalidad de los objetos producidos industrialmente.

No se puede olvidar la influencia del arte japonés, iniciada a partir de la intensificación de los contactos de Europa y el Japón en la segunda mitad del siglo XIX, pues será un componente importante en la arquitectura modernista.

Finalmente, hay que recordar que el modernismo no se explica sin la referencia al Romanticismo.

El Modernisme se configura a partir de premisas aparentemente contradictorias: deseo de crear una arquitectura nueva, integrada en las corrientes europeas, y al mismo tiempo, potenciar una arquitectura nacional; deseo de utilizar los nuevos materiales y técnicas –hierro, vidrio-, y también de recuperar el trabajo artesanal.

Por otro lado, la arquitectura del Modernisme coincide con la siguiente situación urbanística y arquitectónica:

Desarrollo del urbanismo municipal: redacción y desarrollo de Planes de Ensanche en muchas ciudades, que crecen de forma considerable.

Obras de construcción de servicios e infraestructuras y de ornato urbano: recogida de aguas residuales, iluminación de las calles, plantaciones de árboles, pavimentación de calles y aceras.

Generalización de la figura del arquitecto municipal, que a menudo es quien elabora los Planes de Ensanche, se ocupa de las infraestructuras y obras de urbanización, y construye muchos de los nuevos edificios públicos o privados. Por tanto, suele dejar su huella personal en la ciudad donde trabaja.

El desarrollo de tipologías de edificios de equipamientos, de viviendas o industriales: mercados, escuelas, casinos, teatros, tiendas, casas urbanas, casas de veraneo, fábricas, mataderos…Muchos de estos edificios serán modernistas; seguramente se puede hablar de diversas formas de Modernisme según la función del edificio –y según la capacidad económica del cliente-.

En el Modernisme se distinguen diversas corrientes, etapas e influencias. Lluís Domènech i Montaner (1849-1923) y Antoni Gaudí i Cornet (1852-1926) son los principales arquitectos modernistas catalanes, cada uno con un estilo propio: un modernismo más “racionalista” en el caso de Domènech y más “expresionista” en el caso de Gaudí. Muchos arquitectos estarán influídos por uno u otro tipo de Modernisme. Más tarde, se popularizará el Art Nouveau francés y belga y sus formas decorativas se añadirán a los edificios modernistas. Finalmente, la Sezession y la Escuela de Glasgow tendrán gran influencia en arquitectos un poco posteriores, y serán uno de los componentes que llevarán hacia el Noucentisme. En este punto hay que citar otro de los grandes arquitectos modernistas, Josep Puig i Cadafalch (1867-1956). Por último, hay que mencionar a Josep Maria Jujol i Gibert, 1879-1949, con una gran intuición e imaginación en la manipulación de los materiales i objetos.

Esquemàticamente, el Modernisme catalán presenta les siguientes características:

Importancia del color, que se consigue con estucados y esgrafiados, revestimientos cerámicos y con los materiales dejados vistos.

Expresividad de los materiales, a partir de su color natural y textura i de los contrastes entre diferentes materiales: piedra, ladrillo, madera, cerámica, hierro. Expresividad de las soluciones constructivas y de los elementos estructurales: arquitectura de ladrillo o piedra vista, con los detalles constructivos cuidadosamente ejecutados i dejados vistos, estructuras metálicas vistas, etc.

Gran riqueza decorativa aplicada a cualquier elemento del edificio: esgrafiados; cerámica, con elementos modelados y relieves, revestimientos de azulejos  y de trencadís; metales, como el hierro forjado, la fundición o el latón, entre otros; vidrieras; decoración escultórica en piedra o estuco modelado, etc.

Decoración esencialmente floral y vegetal.

Líneas curvas, en coup de fouet, y formas curvas. Se encuentran formas de este tipo ya desde el primer momento, lo que lleva a pensar que provienen de la influencia de las Arts & Crafts, que ya las utilizaban en diseño gráfico, mobiliario, etc.

Retorno a una geometría más marcada en el caso de la influencia de la Sezession o de la Escuela de Glasgow.

Voluntad de creación de obras de arte totales: el arquitecto no se ocupa sólo de “las paredes” sino también de los más mínimos detalles de interiorismo, desde barandillas de balcones a pomos de puerta, arrimaderos, pavimentos, lámparas, mobiliario –para eso trabaja en estrecha colaboración con una serie de artesanos: escultores, pintores, ceramistas, cerrajeros, herreros, vidrieros, etc.

Asimetría, movimiento, volumetrías complejas.

Las arquitecturas  modernistas son, sobre todo, arquitecturas que provocan emociones.

En el Modernisme son importantes las influencias mudéjares y árabes, a partir de las arquitecturas de estos estilos que se encuentran en muchas zonas de España. Aunque precisamente en Catalunya apenas hay, debe recordarse que hasta 1875, los arquitectos estudiaban en Madrid, donde había un gran interés hacia esa arquitectura. El Modernisme es a menudo una reelaboración y una reinterpretación de elementos decorativos de estilos históricos: mudéjar, gótico y barroco popular son quizá los más utilizados, pero no los únicos. Hay que mencionar la influencia japonesa que presentan algunas obras. En el Modernisme hay que tener también en cuenta la organización espacial y volumétrica, no se trata sólo de un movimiento decorativista. En estos casos se recurre a veces a influencias bizantinas o árabes. Algunas de las características anteriores se encuentran también en otros movimientos europeos alrededor del modernismo, otras no tanto.

Con todo, el Modernisme no es el único estilo de su época, convive con reminiscencias de los historicismos y eclecticismos. Frecuentemente se encuentran edificios eclécticos con elementos modernistas. Más frecuentemente aún se produce una fusión entre el neogótico y el modernismo.

El Modernisme es una arquitectura de individualidades, a menudo para clientes privados con gran capacidad económica, a menudo con una gran exuberancia cromática y decorativa. Hacia 1906 surge un movimiento intelectual y artístico que propugna la vuelta al equilibrio y a la medida, el Noucentisme, que se relaciona con otros movimientos que se producirán en otros países de Europa, como el “retour a l’ordre” francés. Es un movimiento estrechamente ligado al catalanismo político y preocupado por la organización institucional y de la estructura del país. La generación noucentista podrá trabajar para alcanzar estos objetivos al obtener el gobierno en la Diputación de Barcelona en 1907 y en la Mancomunidad de Catalunya a partir de 1914 (Hay que tener en cuenta que España no participó en la primera guerra mundial, al contrario, con esa guerra, Catalunya vivió un buen momento económico). A partir de 1911-12, el Noucentisme llega a la arquitectura: hay un retorno al espíritu y a las formas clásicas, al equilibrio, al estatismo, a una arquitectura más apta para convertir-se en “tipo” y para la formación de un tejido urbano que las piezas individualistas del modernismo. Eso se pone de manifiesto sobre todo con la creación de la Mancomunidad que empieza a construir una serie de edificios públicos: escuelas, bibliotecas, etc. Muchos arquitectos modernistas se convierten entre 1911 y 1917 en arquitectos noucentistes, igual que anteriormente los mismos arquitectos habían sido historicistas y eclécticos. Hay una fuerte reacción antimodernista. Sin embargo, el Modernisme continuará a lo largo de los años 10 y 20 del siglo XX, e incluso más allá, sea porque muchos arquitectos no abandonan este lenguaje que es el suyo, sea por el retraso con que llegan las nuevas corrientes a los lugares alejados de Barcelona, sea porque se había convertido en un estilo muy enraizado. El último Modernisme está con frecuencia lleno de influencias de la Sezession y de la Escuela de Glasgow; también recoge elementos del barroco catalán popular, siguiendo a Puig i Cadafalch. En cualquier caso, hay que recordar que el Noucentisme tiene distintas variantes y bebe de diversas fuentes. El llamado Noucentisme de la primera generación es una corriente que evoluciona a partir de este Modernisme sezessionista, influido por el barroco popular y la arquitectura tradicional. El arquitecto gerundense Rafael Masó i Valentí (1880-1935) ejemplifica precisamente este paso. A partir de influencias gaudinianas, de la Sezession y de la Escuela de Glasgow, desarrolla un lenguaje propio y llega a una síntesis muy personal, que lo lleva a la elaboración de este primer Noucentisme. A veces se acerca incluso al racionalismo, pero no pierde nunca el gusto por la decoración y el detalle, el color, el tratamiento cuidado de los materiales, la potenciación de su expresividad, el diseño de todos los elementos de sus edificios, y el uso de técnicas como las vidrieras, la cerámica o la forja.

Al lado de los grandes arquitectos modernistas hay muchos otros. El Modernisme no se limita a Barcelona, como ya se ha dicho, sino que lo encontramos en toda Catalunya: Reus, Terrassa, Sant Just Desvern, Canet de Mar o la Garriga son ejemplos ya bastante conocidos. Pero en general, el Modernismo está poco estudiado y todavía es menos conocido fuera de Barcelona o de las obras de las grandes figuras situadas en otras ciudades. El libro Guía de arquitectura modernista en Cataluña (Raquel Lacuesta y Antoni González, Editorial Gustavo Gili S.A., Barcelona, 1990) y el estudio inédito Inventari General del Modernisme (Valentí Pons i Toujousse, Reial Càtedra Gaudí, Barcelona, 2001), así como algunas monografías sobre determinados arquitectos –pero que son poco conocidas fuera de su ámbito local-  han empezado a incidir sobre este tema.

Respecto a la provincia de Girona, su Modernisme es poco conocido. De manera que este trabajo quiere ser una aportación a la difusión del Modernisme gerundense. En primer lugar, se ha querido destacar muy especialmente la figura de Rafael Masó, que no goza todavía del reconocimiento que merece. Hay que mencionar, sin embargo, la monografía Rafael Masó. Aquitecte noucentista (Joan Tarrús, Narcís Comadira, Col·legi d'Arquitectes de Catalunya - Lunwerg Editores, S.A., Barcelona, 1996). Se quiere aprovechar el presente trabajo para darlo a conocer a nivel europeo. En segundo lugar, es recogen los escasos ejemplos de obras de arquitectos reconocidos que trabajaban en Barcelona. La obra más importante de este grupo es la reforma de una casa realizada por Lluís Domènech i Montaner. También hay que mencionar las obras de Joan Rubió i Bellver, colaborador de Gaudí. Y a continuación, algunas obras de Bonaventura Conill, Josep Goday o Josep Maria Pericas. En tercer lugar, existen una serie de arquitectos vinculados especialmente a una o algunas ciudades gerundenses; muchos de ellos  fueron arquitectos municipales de esas ciudades y a pesar de no ser primeras figuras –los clientes tampoco no son la alta burguesía de Barcelona, sino la burguesía local o pequeños ayuntamientos-, construyeron una obra suficientemente interesante, que merece ser conocida. Es el caso de Josep Azemar, Isidre Bosch, Enric Catà, General Guitart, Alfred Paluzie, Joan Roca i Pinet o Llorenç Ros i Costa.

Se ha procurado seleccionar obras arquitectónicas de las principales ciudades de la mayoría de comarcas gerundenses. En primer lugar, de la ciudad de Girona, capital de la provincia del mismo nombre, donde se encuentra la mayor parte de la obra del arquitecto Rafael Masó. Después, de ciudades como Figueres, Cadaqués y Roses, en la comarca del Alt Empordà, Olot, en la Garrotxa, Sant Feliu de Guíxols y Palafrugell, en el Baix Empordà, Santa Coloma de Farners, Caldes de Malavella y Lloret de Mar, en la Selva, Ripoll y Camprodon, en el Ripollès, y Cassà de la Selva y Sarrià de Ter, en el Gironès. Se trata de ciudades pequeñas o medianas, capitales de comarca, núcleos industriales, ciudades al lado del mar, centros de veraneo, o ciudades balnearias.

También se ha querido escoger una muestra de las tipologías más características de la época: residenciales, industriales, tiendas, equipamientos socio-culturales, escuelas, etc. Aquí también hay que tener en cuenta que el entorno urbano no es Barcelona, sino ciudades mucho más pequeñas.

Encontramos diversas variantes del Modenisme, con influencia de Domènech i Montaner, de Gaudí, de la Sezession y la Escuela de Glasgow o del Art Nouveau. Este último caracteriza especialmente los escaparates de las tiendas. Un elemento muy característico del Modernisme son las barandillas de balcones de hierro forjado, a menudo con complicadas formas y líneas curvas inspiradas o no en el coup de fouet y con abundante decoración floral. També hay que explicar que las obras de arquitectura industrial generalmente forman un grupo específico, con una decoración mucho más sobria, basada en la expresividad de los materiales –ladrillo visto, muros revocados, teja vidriada-, con unos pocos elementos decorativos de ladrillo o cerámica vidriada.

Para acabar esta breve y esquemática presentación del Modernisme catalán y de lo que contiene este cd-rom, vale la pena explicar que durante la realización del trabajo se ha podido constatar como, además del libro recientemente publicado, El Modernisme (Maria Pilar Soler i Gordils, Diputació de Girona, Quaderns de la Revista de Girona núm. 93, Girona, 2001) unos cuantos ayuntamientos se están preocupando del estudio y la difusión del patrimonio modernista de su municipio, y en colaboración con museos y archivos están realizando estudios y publicando guías de arquitectura. Esperamos que dentro de pocos años, Rafael Masó y el Modernisme de Girona sean mucho más conocidos por todos los gerundenses y por todos los que nos visitan.

Anna Albó i Riera